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Nuestras herramientas de trabajo son la redacción, propuesta, implantación, evaluación, y en su caso rectificación, de programas en torno a objetivos concretos. En una última fase se publicarán los resultados para que sean accesibles a los socios. Los programas plantean objetivos reales y plazos adaptados. Los programas responden a un plan que dota de coherencia a toda la estructura. La autocrítica y el feedback con los implicados son unas herramientas que merecen estar siempre a mano. Cada año se hará una evaluación global de la consecución de los objetivos.

No se descarta hacer una mención especial de aquellos socios que más o mejor haya colaborado. Tampoco queda fuera la posibilidad de que la mención se la lleve un peludo, un plumífero, un anfibio, un pez  o un reptil.

PROGRAMAS

Para alcanzar tal objetivo desarrollamos un plan global que incluye diversas campañas.
- De concienciación para minimizar el abandono, maximizar la adopción de perros y gatos en condiciones precarias.
- Para una tenencia responsable que implica los cuidados veterinarios, la atención etológica que sea precisa y la continua actualización de los conocimientos sobre nuestros compañeros.
- Para la convivencia en armonía con los otros ciudadanos que no tienen por qué pisar heces de animales ni por qué sentirse molestos por los ruidos evitables.
- Promocionar el cumplimento de las normativas, que dictadas por expertos y rubricadas por instituciones, no se cumplen incluso en Centros oficiales.
- Promover la denuncia administrativa y pública de los casos demostrables de maltrato animal ya sea por desconocimiento, por sadismo explícito o enfermedad mental.
- Reforzar y acompañar a los legisladores hacia un Derecho Animal con mayúsculas, sin complejos, ejemplar y efectivo.
- Ampliar el listado de lugares públicos que aceptan animales. Reducir el número de casos en los que tener un animal se hace incompatible con unas vacaciones fuera, con una vida social más amplia.

Y a la vez, para que los que no tengan animales gocen de una experiencia positiva y cercana a ellos como fuente de salud, socialización y aprendizaje.Vivimos en una sociedad en la que por fortuna abundan las organizaciones implicadas en el bienestar animal, pero desgraciadamente, incluso ellas reconocen no poder compensar el impacto de una cultura que “cosifica” los animales. Que un animal sea elemento de transacción económica y que en el ámbito jurídico se reconozca solamente los daños sufridos por los dueños, y jamás por los animales, nos demuestra que hay mucho por hacer. Resulta especialmente impactante la victimización que sufren los animales sin dueño (aunque en realidad deberíamos decir sin atención). La ausencia de una persona o entidad que de cuenta del ser vivo, que pague y que sufra por él, lo condena a una caridad que no siempre llega. La reclusión o el sacrificio para evitar que sea vector de enfermedad le resta todas sus cualidades de ser animado, sensible y en la mayoría de casos vector de grandes satisfacciones.
Planteamientos preindustriales que persisten en la era digital, como si aún no existiera ni la ciencia veterinaria ni la etología, deben ser modificados. Tampoco las excentricidades que convierten a la “mascota” en la diana del divertimento y del consumo snob pueden ser consideradas una forma de evolución hacia el bienestar animal.